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Carbono cristalizado en sistema cúbico, que a menudo contiene nitrógeno y, en ocasiones, boro.
Procede del antiguo verbo griego "damazo" (conquistar), de la raíz "adamastos" (inflexible, inquebrantable), para denominar la actitud a la que todos deberíamos aspirar, de donde derivan los nombres "diamante", "diamant" y "diamond", utilizados en Europa occidental.
Según una antigua leyenda, en la antigua India existía el vajra, el arma de Indra, que a través de las 6 puntas del octaedro simbolizaba a un hombre real capaz de resistir los ataques procedentes de norte, sur, este y oeste, de las profundidades del infierno y de los cielos. De ahí que el portador de un diamante estuviera protegido del fuego, el veneno, los ladrones, el agua, las serpientes y los espíritus malignos.
En la época medieval, se le atribuyeron propiedades mágicas, proporcionando fuerza, energía, belleza, felicidad y longevidad y protegiendo de los espíritus y evitando catástrofes naturales, así como propiedades médicas.
Los principales depósitos se encuentran en Rusia, Botswana, Australia y Congo.

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